Pienso en voz alta
Yo no soy como mi mamá
Majo · · 2 min

De mi madre aprendí a soñar e imaginar mundos lejanos en los que las princesas empoderadas comen espinacas.
De mi madre aprendí a deleitarme con la melodía de la lluvia al caer sobre el zinc y a apreciar el cálido aroma de la tierra mojada.
De mi madre aprendí a cocinar con amor, encontrando un abrazo en cada bocado, un te amo sazonado y un “te cuido” en la diversidad de colores de los vegetales.
De mi madre aprendí a disfrutar las buenas acciones, esas que nacen en la nobleza, se nutren de la solidaridad, y crecen en el deseo de sumar en la vida de otros.
Pero yo no soy como mi madre y soy muy sincera al afirmar que tampoco aspiro parecerme a ella.
Me convertí en mí desde el día que aprendí a razonar e interpretar la vida. Tomé su amor y lo convertí en un escudo y sus acciones las transforme en preguntas.
Cuestiono todo lo que aprendí de mi madre, lo evalúo, le doy vuelta y me cercioro de validar cada argumento.
De mí misma aprendí a darle sentido a la independencia. A valorar la vida que ella me otorgó y que yo recibí sin ningún compromiso.
Aprender de nuestros padres es el primer paso y desaprender de ellos es el siguiente. El regalo que nos entregaron se llama oportunidad, no incluye manual, ni contratos inquebrantables.
Archivé las enseñanzas de mi madre y las abrazo con orgullo, pero también honro los aprendizajes de mi propio recorrido y los uso como brújula al tomar decisiones trascendentales.
Entendí que no nos pertenecemos pero que podemos amarnos desde la libertad que nos damos mutuamente.
Amo a mi madre sin tomar como cierto todo lo que dice, ya que lección más valiosa que me dio al crecer es que tengo la oportunidad de pensar por mi misma.
Majo.
— Majo





