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Majo en la playa de Florianópolis, con lentes de sol espejados y el pelo en trenzas largas, apoya el mentón en la mano y sonríe.

Lo que vi

Perla

Majo · · 1 min

En nuestro primer día en Floripa, conocimos a Perla. Desde el primer minuto, nos invadió con su energía y carisma.

Durante el tiempo que pasó haciéndome las trenzas, nos contó que su padre era del Congo, tanto él como su madre, murieron cuando ella era joven, así que decidió viajar.

Conoció Argentina, Uruguay, Canadá, vivió en varias ciudades de Brasil. Trabajó como empleada en varios lugares, clínicas especialmente. Nos enseñó fotos de su juventud, parecía una modelo. Sus trenzas eran extraordinarias y llamaban mucho la atención, así que empezó a cobrar por hacerlas a sus conocidos.

Un día renunció a su trabajo y decidió dedicarse a hacer trenzas a los turistas. Compró un terreno y construyó una casa en Floripa.

Tiene monos, culebras, gatos, perros. No quiso tener hijos, quiere ser libre para viajar.

Entiende muy bien en español y habla un poco de francés. Canta muy bonito. Es muy muy graciosa y tiene una fe muy arraigada.

Fue muy difícil convencerla de que se sentara a comer con nosotros. Cuando finalmente lo hizo, dio las gracias por los alimentos y estuvo dándonos las gracias a cada minuto. Ale le sirvió un plato repleto y ella insistía en preguntarme si quería más, para regresarme lo que le servimos.

En la tarde intenté ayudarla a recuperar su cuenta de Instagram. Sacó una libreta donde tenía anotados montones de claves y correos porque ya no sabe cuál es cuál. Me entregó todo con total confianza.

Cantamos en portugués. Nos hizo bullying. Nos invitó a su casa. Y antes de irse, me abrazó, con cariño y una ternura, como no me ha abrazado ninguna amiga en mucho tiempo.

— Majo